La vida en el asiento trasero: El peligro de llevar a menores como parrilleros y la cruda realidad de nuestras vías
El rugido de un motor se confunde con la brisa. En la moto, un adulto conduce, pero en el asiento trasero va un niño o una niña, con los brazos aferrados a la cintura del conductor, y a menudo, sin el equipo de protección adecuado. Una imagen, que se ha vuelto tan común en nuestras calles y carreteras, esconde una serie de peligros y una profunda irresponsabilidad que va más allá de una simple infracción de tránsito. Es un riesgo latente para la vida de los más vulnerables.
Llevar a un menor como parrillero no solo es un acto de confianza en el conductor, sino una apuesta arriesgada en un contexto vial cada vez más hostil. Las estadísticas no mienten: los menores en moto son las víctimas más indefensas en caso de un accidente. Una frenada brusca, un choque o una caída pueden tener consecuencias devastadoras. Un adulto puede protegerse instintivamente, pero un niño no tiene la fuerza ni la capacidad de reacción para mitigar el impacto, y sus lesiones suelen ser más graves y con secuelas de por vida. Humanizar esta situación es entender que detrás de cada cifra hay un niño, una familia y un futuro en riesgo.
Marco Jurídico ¿ Que dice la Ley ?
En Colombia, la normativa es clara y apunta a proteger a los menores de edad. El Código Nacional de Tránsito, Ley 769 de 2002, en su artículo 96, establece que “en ningún caso se podrá llevar pasajeros en motocicletas si se compromete la estabilidad del conductor o del vehículo, y en todo caso los menores de diez (10) años no podrán ser transportados como pasajeros”.
Esta norma busca garantizar la seguridad del menor y del conductor. El espíritu de la ley es claro: la moto, por sus características de equilibrio y exposición, no es un medio de transporte seguro para los niños. El incumplimiento de esta norma puede acarrear multas y la inmovilización del vehículo. No se trata solo de una sanción, sino de una medida de prevención para evitar tragedias.
El contexto vial actual: intolerancia y peligro:
El riesgo de llevar a un menor en moto se agrava considerablemente si se analiza el panorama actual de nuestras vías. El fenómeno de la intolerancia se ha convertido en un pasajero más en cada trayecto.
Agresividad en la vía: El tráfico es cada vez más agresivo. La falta de respeto por las señales, el exceso de velocidad y la imprudencia de muchos conductores generan un ambiente hostil en el que un error puede ser fatal.
Falta de empatía: A menudo, los conductores se olvidan de la vulnerabilidad de otros actores viales, como peatones, ciclistas y, en este caso, los menores. La intolerancia se manifiesta en pitos, insultos y maniobras arriesgadas que ponen en peligro a todos.
Mal estado de las vías: Los huecos, la falta de señalización y las obras sin las debidas precauciones también contribuyen al peligro. Una imperfección en la carretera puede hacer que el conductor pierda el control y, con un niño a bordo, las consecuencias son incalculables.
El problema de llevar a menores como parrilleros es un reflejo de una problemática más grande en la seguridad vial. La solución no está solo en la aplicación de la ley, sino en un cambio de conciencia. Necesitamos conductores más empáticos, respetuosos y conscientes de que, al subir a un niño a una moto, no solo están transportando a un pasajero, sino poniendo en juego una vida.
Pensemos por un momento: el afán, la prisa o la comodidad nunca valdrán más que la seguridad de un niño. Tu hijo confía plenamente en ti; su vida está en tus manos. Hay alternativas seguras para transportarlos, como el transporte público o los taxis.
Por favor, no los expongas. Un niño no es una carga más; es un tesoro que merece viajar seguro. Te invitamos a reflexionar y a elegir siempre la vida y la seguridad por encima de cualquier otra consideración.









